

Resulta muy interesante su definición de La Diferencia: “¿qué era La Diferencia? En verdad, casi nada, y tanto: casi nada, no se aportaba una sistematización preceptiva, sino, sólo, ilusionadamente, un estado de aseidad: ser lo que se es y no otra cosa” (p. 17).

Efectivamente: las redes han sido un medio de intercomunicación entre ellos, pero -obviamente- su poesía no tiene como fin último proyectarse mediante difusión digital.

con un lenguaje cuidado e intimista, cargado de símbolos, siempre en la búsqueda de la belleza, la sensorialidad, la pasión o lo sublime frente a la fugacidad de la vida.

Esta obra, dividida en dos partes. viene a reforzar aquel estudio brillante ya aludido aportando una amalgama de reflexiones, reseñas y entrevistas con/sobre protagonistas de diversas generaciones de ambas orillas del Atlántico.

Y eso convierte la vida cotidiana en el infierno de la lucha entre el yo íntimo (el ser) y el yo social (el aparentar ser).

Es este libro un puente que traza la autora con ese futuro— expectante— que decíamos y con el pasado, que vamos abandonando entre nostalgia, alegría y tristeza a un mismo tiempo

deja entrever en sus versos esa condición asombrada sin la cual no puede tener lugar un análisis de la verdadera profundidad de la existencia, “por debajo del nivel freático”, en palabras del propio Margarit.

Así, el amarillo nos llevará hasta el “trigo maduro”, el calor de la época estival y a ese “queso gigante” que llamamos sol.