LA PIEL FINA DE LA POESÍA JOVEN

Efectivamente: las redes han sido un medio de intercomunicación entre ellos, pero -obviamente- su poesía no tiene como fin último proyectarse mediante difusión digital.

Por Remedios Sánchez

Varios Autores
Piel fina. Poesía joven española.
Selección de Juan Domingo Aguilar, Rosa Berbel y Mario Vega.
Oviedo, Maremagnum, 2019

Para los agoreros que andan últimamente quejándose del mal momento que vive la poesía española hay una nueva mala noticia: la aparición de ‘Piel fina. Poesía joven española’ donde se hace un recorrido por la poliédrica realidad que define a la segunda promoción poética de la Generación 2010, que es en la que creo que se integran los millenials (porque, como aclara Prensky, desde un punto de vista sociológico la conforman los nacidos entre 1981 y 2000, periodo que creo que no se ajusta bien a lo literario).
Los treinta y cinco seleccionados, cuyas fechas de nacimiento abarcan de 1990 a 2001, revelan una clara diversidad de estilos y planteamientos estéticos a la par que de trayectorias; porque ‘Piel fina’ reúne a autores con voz reconocida desde hace tiempo (caso de Cristian Alcaraz o Luna Miguel) con otros que han dado la sorpresa de la solvencia de sus versos en los tres últimos años (Alba Flores, Estefanía Cabello, Jorge Villalobos), a los que se añaden otro grupo que tiene exclusivamente publicada una obra (Carlos Catena o Laura Villar) o bien están aún inéditos en cuanto a poemarios publicados (casos de Inés Martíez o Víctor Bayona, por dar dos nombres).
Los rasgos que los unen los explican muy claramente en un escueto pero rotundo prólogo los también poetas Juan Domingo Aguilar y Rosa Berbel, responsables de la obra junto a Mario Vega (recientísimo ganador del Premio Valencia con ‘La mala conciencia’): “las redes sociales nos han permitido tejer esta red personal y poética entre autores jóvenes, pero también reconstruir nuestras propias genealogías alternativas, olvidadas, periféricas” (p. 8). Efectivamente: las redes han sido un medio de intercomunicación entre ellos, pero -obviamente- su poesía no tiene como fin último proyectarse mediante difusión digital.
El lector encontrará diferentes modos de concebir el hecho poético (tal vez por aquello de la progresiva y novedosa atomización de la poesía joven poesía, que es un fenómeno sobre el que hay que seguir indagando por lo que va a implicar de fragmentación del canon) más allá de un rotundo compromiso -compartido por casi todos- con lo que entendemos por literatura al modo canónico. El resultado es una antología que responde “a la nueva sentimentalidad de la época”, tal y como afirma Mario Vega (p. 11), y que funciona a modo de muestra muy personal y diversa de un estado de la joven poesía española (con alta presencia de mujeres valiosas, por una vez), de la que quedan fuera, por el posicionamiento ya reiterado de sus responsables, aquellos otros poetas que han nacido y crecido en las redes y que se conocen como “instagramers”, quienes hacen unas composiciones, en mi opinión, dirigidas a un público mayoritariamente juvenil.
No me parece una mala decisión porque transitan por caminos diferentes. Lo que aquí han buscado Aguilar, Berbel y Vega es mostrar una poesía de alta sensibilidad social que responda a los graves problemas de su generación (y aquí volvemos a la generación entendida desde el punto de vista sociológico), pero interpretados desde la pluralidad de miradas que los caracterizan y que implican, desde una perspectiva general, la constatación para la crítica de que son éstos buenos tiempos para la lírica.

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