LA SENSIBILIDAD DE LAS PEQUEÑAS EMOCIONES

Se trata de un relato narrado con auténtica exquisitez a través de un lenguaje profundamente cuidado, buscando las palabras precisas, alejadas del artificio pero una carga semántica y metafórica importante.

Por María del Carmen Quiles Cabrera

Concha Pasamar

Tiempo de otoño

Bookolia, Madrid, 2020

La sensibilidad y el recuerdo vuelven a aflorar en el último texto de Concha Pasamar, la autora que es capaz de convertir en historia las pequeñas emociones y sensaciones que hacen grande la vida. Tras Cuando mamá llevaba trenzas, nos devuelve de nuevo a la infancia y nos traslada a ese Tiempo de otoño en el que nos arropa el color ocre de los árboles y nos habla el viento a los oídos: ya huele a carbón de leña y aparecen las primeras castañas. Entre sensaciones, olores y sonidos, Pasamar nos pasea por esta estación del año y nos la presenta como un lugar para habitarlo: “perderme aquí un segundo es encontrarme muy muy dentro. Este es mi reino, y es grane, es inmenso”. Es este álbum un hermoso homenaje al pasar de los días, al transcurrir del tiempo, como algo que dibuja nuestras vidas y conforma una estampa que se nos queda en la retina, que nos hace asociar los elementos de la naturaleza con cada etapa vivida. La obra es también un canto al paisaje, a la belleza de la flora y la estampa otoñal, descrita desde la visión más honda de una niña sin nombre se convierte en protagonista. Ella es, en realidad, la voz de la autora, pero también puede ser la tuya, lector o lectora; tú, que eres hoy niña o niño, que lo fuiste alguna vez o que nunca has dejado de serlo, tienes en tu mano disfrutar de la experiencia paseando por cada página.

Se trata de un relato narrado con auténtica exquisitez a través de un lenguaje profundamente cuidado, buscando las palabras precisas, alejadas del artificio pero una carga semántica y metafórica importante. Concha Pasamar escribe e ilustra este álbum logrando crear un clima cálido que nos envuelve desde las primeras palabras, las cuales se engarzan a la perfección con unas ilustraciones marcadas por la ternura y la elegancia.  Estas no solo aportan información, sino que ayudan a agudizar los sentidos, desvelando pequeños rincones no solo en medio de la naturaleza, sino también en nuestro interior. Nos encontramos ente una obra de lectura imprescindible, que garantiza el disfrute de lectores grandes y pequeños porque toca a las puertas de nuestra sensibilidad. ¿Cómo recuerdas tus tiempos de otoño? ¿Siguen siendo los mismos? Quizás es un buen momento para abrir las páginas de este álbum y ver qué nos cuenta porque, aunque “el tiempo es silencioso”, también sabemos que “a veces le gusta dejarse ver”; tal vez sea la ocasión perfecta para compartir la lectura y sembrar, sobre nuestras rodillas adultas, la expectativa de un mundo fascinante en los ojos, los oídos y el corazón de nuestros pequeños lectores. Ha llegado, pues, el tiempo para leer el otoño.

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