¿ES NECESARIA LA REIVINDICACIÓN?

Una conquista es siempre belicosa, pero también es cierto lo siguiente: en Hispania, los celtíberos vivíamos (nótese la primera persona del plural) tan tranquilos.

Por Miguel Arnas Coronado

Ramón Tamames

Hernán Cortés, gigante de la historia

Barcelona, Erasmus, 2020

No es Ramón Tamames sospechoso de conservadurismo político ni histórico. Que haya escrito una biografía del conquistador Hernán Cortés, reivindicando su figura y su papel como invasor de México, es todo un detalle. Todos conocemos la tremenda Leyenda Negra que ensucia la memoria de nuestro país en lo que actualmente es Latinoamérica, Leyenda que fue publicitada por otros países, principalmente Inglaterra y Holanda (que entonces incluía a buena parte de la actual Bélgica), que ya entonces, finales del XVI, tenían más razones de callar que de pregonar.

Como buena biografía no es solo eso. Pone al personaje en situación histórica, describiendo e implicando a todos cuantos lo rodearon e incluso a quienes después hablaron de él. Una conquista es siempre belicosa, pero también es cierto lo siguiente: en Hispania, los celtíberos vivíamos (nótese la primera persona del plural) tan tranquilos. Llegaron los fenicios, los griegos, los cartagineses y por fin, los romanos. Y conquistaron. ¿Habría que indignarse con los Escipiones? ¡Por supuesto! A pesar de que trajeron una civilización moderna y eficaz, una tecnología constructora impresionante y un idioma, el nuestro. Con Cortés y otros pasó algo parecido. Tamames da cuenta de cómo quienes guerrearon con los indios, los conquistadores, fueron con estos mucho más respetuosos de lo que fueron los encomenderos. Por otra parte, el papel de los monarcas, más defensor de los derechos indígenas que, por ejemplo, ingleses en Norteamérica, portugueses, holandeses o franceses en la costa al sur del Caribe o en Asia o África, a cuyos gobernantes europeos se les daba una higa la suerte de los indios. Y cómo el maltrato a estos fue más intenso por parte de los gobiernos ya independientes que por los virreyes españoles. Aún hoy, a un indígena peruano con título de arquitecto, miembros de la buena sociedad limeña (y doy fe de ello porque es pariente político), que ya no son españoles sino peruanos desde hace 200 años, tuvieron a bien espetarle que no tenía cara de arquitecto.

Un libro que cuenta la verdad, y se la dice a quienes se empecinan en creer los infundios interesados divulgados por quienes quieren que se siga creyendo la maldad de unos para disimular la maldad de otros, o por quienes simplemente son ignorantes, pero alardean de tener las ideas claras. Son estos últimos quienes deberían leerlo. No lo harán porque ignorando pero sermoneando se vive bien. Un libro que lleva ya 6 ediciones es garantía de calidad.

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