Enseñando a nadar a la mujer casada

Las mujeres que aparecen serán o no conocidas, reconocidas: pero sin duda viviremos su experiencia con una asombrosa cercanía porque toda la empatía de que es capaz quien maneja la palabra hará acto de presencia, organizando una historia en tres niveles -aunque hay más lecturas, desde el título- para que conformemos un exquisito puzle poético que nos dolerá, nos emocionará y embragará nuestra imaginación.

Por Juan Peregrina Martín

Enseñando a nadar a la mujer casada

Juan Carlos Friebe

Esdrújula (Granada, 2021)

La poesía guarda secretos que solo halla quien se atreve no a buscarlos, sino a afrontar el haberlos alcanzado. Friebe es uno de esos poetas que han alcanzado junto a los maestros esas iluminaciones que otros predijeran, que otras ya insuflaran en sus versos para que quienes quedemos posteriormente podamos vislumbrar que hay algo, que existe otra realidad que por supuesto no sabemos nombrar pero, expectantes, concebimos que otras personas, las menos, puedan regalarnos el presente, el pasado y el futuro.

Y eso es lo que ni más ni menos nos muestra Friebe en su último -hasta ahora- poemario: no hay nada que enseñar a una mujer casada, ella ya lo sabe todo. Sabe que sus hermanas pasadas fueron a duras penas soportadas, bien amadas en la hoguera, abrazadas por el garrote vil o en estos tiempos de dureza adamantina, sepultada en el dolor pétreo del abandono paterno.

Friebe exhibe que hablar en plata no está reñido con la delicadeza, siempre lo ha hecho: en sus anteriores libros la incisión provocada por las espinas del recuerdo no le impedía acariciar con lágrimas las corolas de las rosas. En su pleno apogeo lírico, Friebe demuestra que es uno de los mejores y más capaces poetas de su generación.

La retórica y la métrica, esas dos disciplinas que debieran ser el padrenuestro de cada poeta, no tienen misterios para Friebe. EL poeta demuestra dominar técnicas y figuras y la elegancia con las que las manipula hace que no las contemplemos a viva piel: solo nos dejamos llevar por la musicalidad de los versos y el mensaje tan extremado que nos sugieren. No es poco. Es un arrebatador libro convertido en herida que sangra cada vez que abrimos el libro.

Las mujeres que aparecen serán o no conocidas, reconocidas: pero sin duda viviremos su experiencia con una asombrosa cercanía porque toda la empatía de que es capaz quien maneja la palabra hará acto de presencia, organizando una historia en tres niveles -aunque hay más lecturas, desde el título- para que conformemos un exquisito puzle poético que nos dolerá, nos emocionará y embragará nuestra imaginación.

Una crítica demoledora al no saber, al vilipendio gratuito, a la exposición de los medios que pervierten opiniones y convierten en verdad las mismas. Un elogio a la virtud, a la soledad, a la comprensión hacia quienes son diferentes y un sinfín de hallazgos poéticos que avanzan lo que vendrá: un estallido hermoso de la oscuridad que Friebe maneja convirtiéndola en pura luz que ciega por las epifanías de belleza que es capaz de recolectar para quienes lo lean.

Qué privilegio tenerle escribiendo estas terribles maravillas.

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