UN CÁNTICO HUMANISTA

¿Cuántas veces habrá caminado José María frente a la valla que separa la localidad norteafricana de Marruecos? ¿Cuántas veces habrá sido testigo del abandono, de la visión apocalíptica de la sangre reseca en las concertinas, de las heridas que duelen menos que la indiferencia, de los ojos plagados de tristeza en quienes aspiran, desde el monte Gurugú, alcanzar el Dorado?

Por José Sarria

“Cántico”
José María García Linares
Valparaíso Ediciones (Granada, 2020)

José María García Linares es un joven poeta nacido en la ciudad de Melilla (“la ciudad de las fronteras” –p.40-), que ha venido a entregarnos este límpido y sereno Cántico, todo un alegato contra la dejación y la amnesia social, desde donde visualizar a los débiles, a los destinatarios de la aporofobia y la xenofobia.

¿Cuántas veces habrá caminado José María frente a la valla que separa la localidad norteafricana de Marruecos? ¿Cuántas veces habrá sido testigo del abandono, de la visión apocalíptica de la sangre reseca en las concertinas, de las heridas que duelen menos que la indiferencia, de los ojos plagados de tristeza en quienes aspiran, desde el monte Gurugú, alcanzar el Dorado? Todo ello ha transitado durante años por los canales de su sangre, hasta convertirse en aliento de su aliento, hasta que la poética ha hecho posible el prodigio de transformar el dolor en belleza, bajo una pacífica rebelión, contenida en treinta y nueve precisas liras, desde las que asistir a la interpretación lírica del mundo.

En García Linares se concita el milagro, bajo el uso de una composición estrófica no exenta de dificultad, pero elaborada con maestría, demostrando un alto respeto por la tradición (Garcilaso, Fray Luis, San Juan o Blas de Otero) y un excelente dominio de la técnica, dotando a la obra de solidez y armonía, por la que transita todo el sufrimiento de quienes estimulados por la fascinación del espejismo del “norte”, abandonaron un día sus raíces y con ello sus anclajes a la vida: “Buscando mi futuro / me fui por esos montes y riberas: / bajo este cielo oscuro, / soñando en las hogueras, / me acerco a la ciudad de las fronteras” (p. 15).

Cántico es el acompañamiento a quienes les ha sido arrebatada la voz y la esperanza, el recorrido lírico, desde los ojos, en las manos o la piel de esos otros que caminan como única posibilidad vital.

Poesía inconformista y comprometida, que no significa militancia ni instrumentalización, sino conciencia y humanismo solidario que despliega este cántico fraternal con los hijos del olvido, destinatarios de los naufragios. En la abisal iniquidad del discurso del diferente como enemigo, y en su desproporcionado tósigo, nuestro poeta ha encontrado el adversario al que combatir, con la serenidad hermosa que le otorga la palabra, con la determinación ardiente de la poesía: subversión frente a lo que se pretende establecer como verdad, para deshacer y desintegrar una realidad que, por imperfecta, se le hace inadmisible, abriendo portillos y ventanas para que acampe el adviento, un tiempo y espacio nuevo por el que arriesgan su vida los protagonistas de este bello Cántico: “Levántase, afilado, / de alambres y cuchillas todo el muro. / Saltar al otro lado, / vivir y estar seguro / después de haber cruzado hacia el futuro” (p. 41).

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