

Cuando Google Maps no responde, nos queda la poesía. Porque existen senderos que ningún algoritmo puede cartografiar. Y es entonces cuando las palabras, luminosas, fundantes, germinativas, alumbran con su luz silenciosa y nos recuerdan, casi sin advertirlo, el camino de vuelta a casa.

José Sarria destaca en “Ser caballo” una poesía de la insumisión, donde Malika El Assimi convierte la palabra en un acto de memoria, dignidad y resistencia frente a la injusticia.

Se trata de un libro que desde el título inicial nos lanza un claro mensaje: el cine, el indio que se rebela contra el opresor blanco, y el color rojo, como signo claro de esa imaginario progresista en el que él siempre se ha situado ideológicamente. Un hombre de su tiempo.

La edición que ha preparado García-Teresa insiste en aquellos textos en los que la enunciación del conflicto político, económico, social y ecológico por parte de un sujeto inmerso y afectado por ellos son la clave.

“Niña de luz y de luna,/ niña de sombra y de sol,/ sus ojos me dicen sí,/ su boca me dice no”. Un libro-álbum rico, generoso, de enorme caudal conceptual, con múltiples registros, diverso, cromático, armonioso y vital.

La paradoja es reveladora. El vacío deja de ser carencia para convertirse en posibilidad; la ausencia se transforma en conocimiento; lo oculto adquiere un hálito más intenso que lo visible. Nos encontramos ante una escritura que entiende que la plenitud humana no nace de la posesión, sino de la conciencia.

La autora ejerce idéntica severidad sobre la sociedad de acogida, sobre el consumismo contemporáneo, sobre la memoria esclavista estadounidense, sobre la violencia armada o sobre las nuevas formas de alienación que produce el capitalismo tardío. La crítica se dirige siempre hacia una misma realidad: la incapacidad del ser humano para reconocer al otro como semejante.

Vivimos un tiempo en el que el ruido lo invade todo, en el que la prisa y la inmediatez sustituyen al pensamiento, y en el que el dolor del otro corre el riesgo de convertirse en una simple noticia que se olvida. Y es en tiempos así cuando la poesía deja de ser un lujo para convertirse en una necesidad. Porque la poesía, cuando es verdadera, no adorna el mundo: lo cuestiona. No lo consuela: lo enfrenta consigo mismo.