TODA LA VIOLENCIA

Hay un regusto a una poesía reivindicativa, humanizada, descarnada, al estilo de Vallejo, y que también nos remite a los niños de la Guerra, a las promociones poéticas del 50 y del 60. Su rabiosa contemporaneidad tiene que ver, como las voces y las poéticas referidas, a una necesidad de comprometer, de nuevo, la palabra con el mundo.

Por Manuel Francisco Reina

Toda la violencia

Abraham Guerrero Tenorio

Ediciones Rialp, 2021

No es este libro un poemario fácil, aunque lo parezca. La difícil sencillez de su tono, conversacional, reflexivo, es la arquitectura de una literatura pasada por la experiencia real y doliente del mundo. Toda la Violencia, segundo libro de este joven poeta de Arcos de la Frontera con el que se ha hecho con el Premio Adonáis en la última edición, es un libro con vocación de permanencia, de clásico. Alude a esa “violencia inmóvil”, que diría Pilar Paz Pasamar, invisible, dice él en sus citas y versos, de la vida. La erosión de la existencia, las carencias, la contundencia del dolor físico y la muerte, de las ausencias, del amor, de la literatura. En este libro, se perfila la voz de un poeta hecho, distinguible de otros, en el que trasluce un mundo que se lee, sabe, huele y se siente como verdadero. Ya lo adelantaba en su primer libro, Los días perros, pero aquí se muestra de una forma brutalmente depurada: “Mi madre, cada día, se refugia en su casa,/numera las ausencias, una a una,/y si las visitamos, viste todo/de sonrisas forzadas y falso orden,/como si pudiera escondernos/ las bombillas fundidas,/la nevera vacía”. Hay un regusto a una poesía reivindicativa, humanizada, descarnada, al estilo de Vallejo, y que también nos remite a los niños de la Guerra, a las promociones poéticas del 50 y del 60. Su rabiosa contemporaneidad tiene que ver, como las voces y las poéticas referidas, a una necesidad de comprometer, de nuevo, la palabra con el mundo. De retomar el testigo de la palabra en el tiempo machadiana, en momentos de emergencias éticas y estéticas, pespunteadas de las crisis sanitarias y económicas vigentes. La poesía de Guerrero Tenorio es una poesía visceral, sin caer en el panfleto ni la sensiblería. Deslumbrante sin pretenciosidad. Leída, aprendida, y vivida. Incluso en sus reflexiones sobre la literatura, alude a imágenes acertadas pero sin relamidos discursos, como en el poema “La Boca de un tigre”: “Nunca supe qué es la poesía/ ni cómo llegó a mí,/solo conozco qué me llevó a ella,/ y no fue el olor de las cosas/ni el dorado destello/de un verso limpio,/sino saberme cómplice/de algunos libros/que me crujieron los huesos de tanto silencio./Fueron como sentirme el brazo/dentro de la boca húmeda de un tigre”. Este libro es un acierto, de principio a fin, porque nos hiere, nos emociona, nos involucra. Abraham Guerrero Tenorio se convierte con él en un poeta de referencia en su generación y la literatura contemporánea.

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