ROMANCERO DE ESTRELLAS

Más allá de lo pintoresco de los diferentes relatos, donde se asiste al fenómeno zombi o al canibalismo, cada uno de ellos establece las causas de una realidad dominada por la miseria, la desigualdad, la moral represiva impuesta por los europeos.

Por Juan José Castro

Jacques Stephen Alexis

Romancero de estrellas

Ediciones Traspiés, 2020

Hablar de este autor en el mundo hispánico no es sólo hacerlo de un autor del todo desconocido, sino también de una manifestación absolutamente inédita en nuestro panorama editorial. Las causas de esta ignorancia habría que buscarlos entre varios factores, pero si nos ceñimos a los principales debemos citar aparte de unas coordenadas ideológicas muy marcadas, la pertenencia de la obra a los círculos marginales de la literatura poscolonial o su raigambre haitiana.

Alexis es uno de esos autores que pululan en el borde de la Literatura con una apuesta doblemente vulnerable ante las producciones en la metropolitana, libertaria pero imperialista lengua francesa tras la Segunda Guerra Mundial. A pesar de escribir en esa lengua, es un hijo haitiano que trató de plasmar, como magistralmente muestra la esmerada traducción del experto en identidades caribeñas Mariano Muñoz, ese mundo desaparecido del Caribe hispano-francés a través de la revitalización de una tradición casi extinta que pervive en la tradición popular de los relatos y canciones que es tratado por el autor desde una perspectiva narrativa diversa y cercana al realismo mágico y al onirismo con modulaciones y perspectivas que ofrecen una lectura actual de los subterráneos de las identidades condenadas a desaparecer.

El tratamiento del imaginario caribeño no es una simple labor etnográfica sino una propuesta rica en matices y con un lenguaje exuberante que recuerda el de un Cadenas o un Lezama Lima por su proximidad geográfica y estética. Compuesto por nueve relatos enlazados por un hilo conductor común, las páginas se pueblan de personajes que remitifican ese espacio para elevarlo a la categoría de territorio simbólico; figuras como el Viejo Viento Caribe, la reina Anacaonda o Flor de Oro en su desesperada lucha contra los conquistadores, el negro Bouqui o el heroico cacique Caonabo, delimitan una actitud de compromiso con el pueblo y la cultura haitianos en una mixtura entre la herencia europea y la tradición kreyal, predominantemente oral y que Alexis aprovecha en su forma comunicativa básica: el romance.

Más allá de lo pintoresco de los diferentes relatos, donde se asiste al fenómeno zombi o al canibalismo, cada uno de ellos establece las causas de una realidad dominada por la miseria, la desigualdad, la moral represiva impuesta por los europeos. La inmersión en la tradición es el intento de descubrir una dialéctica de los desposeídos y perdedores de la Historia y la tristeza por la aniquilación de todo su mundo.

La incógnita obra de Alexis, aparecida en Gallimard, tal vez responda a su propia vida, marcada por la lucha y el compromiso intelectual y artístico para desaparecer en extrañas circunstancias a su regreso a su tierra natal en 1961.

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