DICEN QUE NO HABLAN LAS PLANTAS

Esta antología es un hermoso regalo para los sentidos y las emociones a través del verso, del compromiso con la tierra y el valor del paisaje como intangible, como cuna del alma.

Por María del Carmen Quiles Cabrera

Dicen que no hablan las plantas. Ilustraciones de Raquel Lagartos.

Raquel Lanseros y Fernando Marías

Barcelona, Anaya, 2021

La publicación del poemario Dicen que no hablan las plantas viene a corroborar el vital papel que la poesía adquiere en nuestra sociedad. Hoy más que nunca es necesario un canto a la naturaleza que rescate las voces sabias de los poetas que, con su exquisita sensibilidad, nos han acompañado a lo largo del tiempo. En un momento como el actual, cuando hablamos de objetivos de desarrollo sostenible, de ecocrítica y de educación para el compromiso, es importante no perder de vista que la lectura nos ayuda a transformar las conciencias, a empatizar con nuestro entorno más cercano. Rosalía de Castro lo tuvo muy claro con ese verso que da título a este magnífico libro –“… pero no es cierto” continúa-, tan bien pensado por sus antólogos: Raquel Lanseros y Fernando Marías. Con el riguroso criterio de estos dos premios nacionales, los lectores podrán recrear las cuatro estaciones del año bajo la mirada de grandes poetas de España y Latinoamérica: Delmira Agustini, Bécquer, Calderón, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Lorca, Alfonsina Estormi o Adela Zamudio, entre muchas otras, son las voces que nos invitan a un paseo a través de los campos, las aguas o “los cielos de esmaltes grises”, como nos dice María Monvel. Las ilustraciones de Raquel Lagartos constituyen un total acierto por parte de la editorial Anaya, porque captan la esencia no solo de cada composición, sino del sentido de la obra en su conjunto. Originalidad, frescura, precisión, son elementos presentes en cada una de las páginas que se erigen como lienzos arropando las palabras.

Esta antología es un hermoso regalo para los sentidos y las emociones a través del verso, del compromiso con la tierra y el valor del paisaje como intangible, como cuna del alma. En este libro, las palabras se funden con la naturaleza elevando a lo más alto nuestro patrimonio poético y poniéndolo al alcance de un público universal entre el que destacamos a los adolescentes. Estos, en las aulas de Secundaria y Bachillerato, crecen como lectores y como seres sociales; serán ellos, las generaciones jóvenes de hoy, las que conformen el mañana, y de ellos, de ellas, depende nuestro futuro. Educar la sensibilidad es fundamental en estos tiempos que corren, así como el respeto hacia los espacios naturales que nos rodean. La literatura nos brinda esta posibilidad de la mejor de las maneras. Por eso es tan importante “sembrar” poesía, algo a lo que nos impulsan los compiladores del poemario; ellos “siembran” poesía con este libro y, más allá de la metáfora,  esconden una semilla real en su interior. Qué hermoso sería verla crecer al abrigo de estos versos. ¿Te animas?

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