

Soy todas las mujeres que fui es mucho más que un poemario. Es una cartografía de la memoria femenina, un manifiesto de resistencia y una afirmación de pertenencia múltiple. Con esta obra, Fátima Lahssini incorpora una voz sólida y necesaria al corpus de la literatura hispanomagrebí contemporánea, enriqueciendo un espacio literario que encuentra en autoras como ella una de sus expresiones más prometedoras.

No menos relevante es la dimensión femenina del libro. No en términos panfletarios o doctrinales, sino en la forma de mirar el mundo desde la sensibilidad, la escucha, la vulnerabilidad y el cuidado. La autora construye una poesía donde lo femenino aparece como conciencia crítica, como espacio de resistencia íntima frente a la dureza del tiempo y de las estructuras impuestas.

Con este poemario, Aziz Tazi consolida definitivamente una voz madura, sólida y singular en el marco de la literatura hispanomagrebí. La certeza de la luz constituye una meditación lírica sobre el tiempo, la memoria y la identidad, a la vez que una acertada afirmación ética de la belleza y de la emoción como formas de resistencia frente al olvido.

Por Fuensanta Martín Quero Homenajes. Imágenes. Y márgenes es el último libro de poesía de Rosa Romojaro, una de las figuras literarias más relevantes de

Se pretende aportar una reflexión metateórica y programática en torno a un
tema (el de la súplica) transcrito en tres lenguajes diferentes: el de un poema legible, el de una partitura con notas musicales y el de la ejecución sonora (en canción y música) de la misma.

La escritura epistolar en prosa de Narda García es una de las más destacadas en la crítica actual en torno a este género singular. En este artículo se analizará el contenido y la forma de esta
escritura, subrayando dos de los conceptos fundamentales inherentes a este género, tratados ya anteriormente a saber la mímesis y la catarsis que siguen brillando por su ausencia en este campo de investigación.

En Todas las sombras encontramos versos de gran calidad literaria con un claro dominio del lenguaje poético por parte de su autora que no se refugia en los resquicios del signo ni en los disimulos para expresar aquello que desea decir.

La mirada rasante, de Eva Molina Saavedra, se inscribe en esa genealogía de poemarios que interrogan el sentido de la existencia desde la conciencia de su fragilidad, con una palabra que oscila entre la intimidad confesional y la universalidad de la experiencia. No es casual que uno de sus versos centrales afirme: “Nos inclinan las derrotas, andamos/ con la mirada rasante/ de quien no comprende/ porque su visión se ha fragmentado”. La metáfora del título revela así su clave: vivir es avanzar desde un horizonte bajo, rozando apenas lo real, conscientes de que el conocimiento es siempre parcial, fragmentario e insuficiente.