ANTORCHAS DEL SOSTICIO

Poesía más allá de los dualismos antitéticos verso / prosa, ilustración / romanticismo, clasicismo / modernidad… Arte sin límites, de ahí la fusión constante con la música y la pintura en numerosas composiciones.

Por José Cabrera Martos

Antonio Carvajal

Antorchas del solsticio

Sevilla, Point de lunettes, 2018

Antonio Carvajal lleva medio siglo consagrado a la creación de una obra única que fusiona ética y estética, vida y poesía. Sus producciones de esta última década insisten en esa capacidad lumínica y vitalista en tiempo de tormentas, de Un girasol flotante (2011) a su último libro Antorchas del solsticio. El poemario asombra dentro de la trayectoria carvajaliana por varios motivos. El empleo de un soporte tradicionalmente subversivo, el poema en prosa en la totalidad del conjunto, desmoronando la tranquilidad del tópico (clasicista, formalista…) aplicado a su obra: Poesía más allá de los dualismos antitéticos verso / prosa, ilustración / romanticismo, clasicismo / modernidad… Arte sin límites, de ahí la fusión constante con la música y la pintura en numerosas composiciones. Esta superación se presenta desde el primer poema,“El corazón y el lúgano”, tensores entre la individualidad creadora y la tradición literaria. El corazón imita a otros corazones no siendo único, sino múltiple y conviviente. Carvajal ha buscado aliar “la melodía de la voz y la melodía de la idea”, forma y contenido trabados en el canto musical del corazón-lúgano, pájaro imitador del canto de otros pájaros, que “produce un eco, desdobla nuestras vidas: significa una entrega”: el hombre en comunión con el hombre frente a la soledad del siglo XXI.

Asombra igualmente Antorchas del solsticio por su radical actualidad, a pesar de reunir composiciones escritas desde 1973 a 2016. Sirva de ejemplo “Corónica angélica” que con su extrañamiento semántico y su descarnada ironía superviviente, constata la prosificación actual posmoderna que afecta también a lo natural por la planificación urbanística, ya de Granada en el jardín cosificado del poema “Las ruinas del aura” o en el río absorbido y abovedado de “Elegía para el río Darro”, ya de Nueva York como modelo de control de masas en “Vuelta de paseo”. La utilización de la prosa posee un componente ideológico y ético semantizado en la forma como reflejo de la desazón de la prosa de la vida diaria en la que no cabe el verso por su inutilidad pragmática. Esta misma línea de denuncia persiste, ahora sobre la mujer en “Aria de Pedrosa” verdugo de Mariana Pineda, ahora sobre lo distinto en el ícaro contraideológico nocturno de “La florida del ángel” descenso terrestre a lo prosaico para alcanzar otra luz, “tal vez la del infierno”.

Antorchas del solsticio, en definitiva, apuesta por la libertad con mayúsculas. El poema-aforismo final, localizado físicamente circunvalando el reloj del Ayuntamiento de Granada, muestra el vitalismo esperanzado frente al paso del tiempo a través de un necesario imperativo categórico ético y estético que ensalza el presente como felicidad epicúrea. Sírvanos de cierre: “Feliz quien ve sus horas en dorado presente”.

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