ASESORÍA LITERARIA Y CORRECCIÓN DE ESTILO

Por Manuel Gahete

Presidente de ACE-Andalucía

Cualquier escritor, como transmisor de pensamiento y referente de lectores, debe aspirar a la máxima perfección gramatical y lingüística, aspectos que afectan a la ortografía, la morfología, la sintaxis, el léxico y los valores estilísticos. Lo cierto es que no todo escritor tiene la pericia y los conocimientos pertinentes para adecuar esta realidad al texto escrito por lo que requiere de asesoramiento y ayuda en la obtención de la máxima calidad literaria. Cada género, por sus especiales características, requiere una adecuación diferente, determinados paradigmas que conlleven a la consecución de una obra aceptable lingüística y literariamente, proclive a interesar al lector, formarlo y hasta complacerlo.

Es cierto que las grandes editoriales tienen a su disposición correctores de toda índole que favorecen la pulcritud de lo escrito, pero esto no es lo general en todo lo que se publica, siendo ya un tópico manido el hecho de que no hay libro que no padezca la pandemia de la errata. Por tanto, nuestra primera aspiración sería publicar en una de estas editoriales, lo que está reservado a una élite, en ocasiones más salvaguardada por el rumor mediático (críticos, suplementos, premios) que por la verdadera calidad. Si hablamos de poesía, es Visor la cúspide de un trapecio al que siguen editoriales como Pretextos, Hiperión, Valparaíso, Calambur o Bartleby, las clásicas Cátedra, Planeta y Tusquets, y en diferentes estadios Rialp, Carena, Acantilado, Renacimiento, Vitrubio, Huerga&Fierro, Ánfora Nova, Devenir, La Isla de Siltolá, Cardeñoso, Rilke, Ars poética, Port Royal, Dauro, Alhulia, Ediciones irreverentes, Egales, Nereida, In-verso, Malasangre, Torremozas, Verbum, Alfar, Utopía, Almuzara, Andrómina, La Bella Varsovia, La Garua, Novel, Mirahadas, La poesía mancha, Poesía eres tú, estas últimas especialmente proclives a la poesía novel o joven, y algunas otras que se mantienen, pero siempre por debajo de la mirada de los próceres de la crítica, como si solo se publicara buena poesía en las editoriales tocadas por el aura de la fortuna. La mayoría de ellas aceptan originales para su lectura, aunque ya se sabe cómo funciona todo en este planeta habitados por seres –llamémoslos– humanos. Es tanto lo que se publica –y no digamos ahora a través de las redes sociales– que la selección tiene que supeditarse a cribas y restricciones, siendo –como siempre ha ocurrido y seguirá ocurriendo– el más débil quien se pliegue a la voluntad del más fuerte.

De cualquier manera, las facilidades para publicar son cada día más asequibles. Desde la omnipotente Amazon hasta otras empresas editoriales: Punto Rojo, Punto Didot o la Editorial Internacional Europa, por citar algunos ejemplos, acometen la edición de libros ofreciendo además servicios que van desde el informe de lectura al análisis literario pasando por los procesos de corrección de estilo y tipográfica, el diseño y la maquetación.

Lo que avanzamos a continuación puede referirse más a las obras narrativas que a las de poesía, siendo estas últimas las de más difícil corrección o adaptación. Llamamos valoración o informe de lectura al estudio global sobre los puntos fuertes y débiles de cualquier obra escrita basado en los criterios que utilizan las editoriales. El informe evalúa el interés literario y comercial de la obra, el argumento, el tema, el género, la trama, la estructura y el estilo. Si hablamos especialmente de autores noveles, este informe servirá para conocer la opinión de un profesional avezado en los gustos de modas y editores y los consejos que permitirán hacerlas más gratas a los futuros lectores.

El análisis literario parte de la necesidad de facilitar la publicación de un texto no tanto por su bondad, que también, sino de las posibilidades y el horizonte de una deseable salida comercial. Lo que está claro es que un autor no es el mejor corrector de su obra porque, por muchas lecturas que realice de ella, tenderá a caer en los mismos olvidos y defectos. Una segunda lectura, experta y meticulosa, propiciará el favor de editores, lectores y críticos.

La corrección de estilo se realiza sobre el texto definitivo y es una revisión final que detecta y pule posibles errores ortográficos o de sintaxis. En la corrección de estilo y tipográfica se revisan cuestiones fundamentales como tiempos verbales impropios, falta de concordancia, sintaxis confusa, redundancias, uso inapropiado de los gerundios, abuso de adjetivos, aliteraciones, puntuación, barbarismos y un largo etcétera. Su función es mejorar el texto respetando el estilo del autor. Una obra con errores flagrantes no suele pasar los filtros de selección.

El último proceso es la corrección ortotipográfica que se realiza sobre el texto maquetado tras haber realizado la revisión de estilo. Corrige los posibles errores tipográficos o lingüísticos que hayan podido producirse durante el proceso de maquetación o que se hayan pasado por alto a pesar de los filtros a los que se ha sometido previamente tu texto: unificación formal (uso de cursivas, comillas, mayúsculas, etc.), transposición de letras, líneas huérfanas o viudas, partición incorrecta de palabras, omisión de caracteres, errores en el picado del texto, etc.

El diseño y la maquetación se dirigen a hacer más agradable la estética y lectura de los textos. El diseño afecta a la forma exterior del libro mientras que la maquetación se ocupa del contenido a fin de que el texto pueda leerse con fluidez y comodidad. Sin ser esenciales para valorar la calidad del texto, influyen esencialmente en la atracción que cualquier libro pueda ejercer sobre el lector.

Para cualquiera de estas cuestiones, contactar con

Fernando Gahete: runica.servicios.editoriales@gmail.com

o Ana Vidal: info@asesorialiterariaav.com

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