Por Encarnación Sánchez Arenas.
Nació en Córdoba en 1962. Licenciada en Filología Hispánica, esta autora es una feminista en activo que reivindica justamente su derecho como mujer a la producción, frente al tradicional papel de la reproducción. Esto cristaliza en su —hasta hoy— trilogía, Los días laborables (1988), premio Hiperión, Pantalones blancos de franela (1994) y Reverso (1996). También obtuvo en 1994 el premio Jaén de poesía.
Como hemos podido observar, a partir de los cinco ejes desde los cuales pensamos el amor en la producción poética de Inmaculada Mengíbar (dos de ellos vinculados con el espacio: la ciudad, la habitación, otros dos con los géneros literarios: la narrativa y la poesía y el último asociado a la revisión de imágenes sociales y literarias) la mirada sobre el amor que prevalece en las producciones poéticas se aleja del amor romántico. De igual manera, en línea con la poesía de la experiencia, nuestra poetisa propone un amor situado, con un marcado carácter urbano y plantea, en este contexto, a la habitación como el sitio privilegiado para el amor. La narrativa y la poesía, además, resultan productivas para aportar miradas distintas y complementarias sobre el vínculo amoroso: mientras que el carácter narrativo permite contar la historia de amor principio a fin, el vínculo del amor con la poesía habilita la aparición de imágenes y metáforas. Finalmente, las distintas figuraciones del amor están cruzadas por una mirada femenina sobre el sentimiento amoroso, revirtiendo así la imagen heteropatriarcal que arrastra la poesía amorosa que, de manera habitual, otorga a la mujer el rol de musa silente. Como se desprende de nuestro análisis, las producciones poéticas de Mengíbar establecen diálogos tanto con la poesía de la experiencia como con otras poéticas femeninas contemporáneas. Valiéndose de la realidad y la propia identidad propone una serie de miradas complementarias sobre el amor. Amor, poesía y realidad se reúnen en la poética de Mengíbar porque en torno a estas tres nociones nuestra autora crea una poética del amor que propone una nueva forma de la sentimentalidad, como indica Micaela Moya en “Poesía, realidad y amor en Inmaculada Mengíbar y Ángeles Mora”, Artifara 24.1 (2024).
La poesía de Inmaculada Mengíbar se encuentra signada por el paisaje urbano, por lo que el vínculo entre amor y ciudad puede verse en distintos poemas de la producción de la autora. Servirá de ejemplo uno de los poemas de Los días laborables (1988): El mismo olor a tiempo despeinado. /Las mismas calles, los mismos semáforos,/ la farmacia de enfrente, el Café de los poetas/ tan solo como el aula que esta tarde me ha hablado/ de ti en literatura. Y es idéntico /el inefable tacto de la noche en mis hombros/desnudos al calor del misterio o el verso, /y el modo con que acuden a mis ojos portales,/ la memoria de calles con parejas lentísimas, /meses, fechas, andenes, madrugadas, al roce /de azahar de esas noches/ que aún me reconocen como suya.(…)/.
(PUBLICADO EN EL DIARIO JAÉN EL 03-07-2025)







