Ḥafṣa bint al-Ḥāŷŷ al-Rakūnī

Granada, c. 1135 – Marrakesh, 1191.

Seudónimo:

al-Rakuniyya

Formación académica:

Debió de recibir una educación muy esmerada, pues sus biógrafos, además de su belleza, alaban su cultura e ingenio, así como su facilidad y rapidez para componer poesía. Prestigiosa maestra (ustada, adība ) que en el año 1184, acepta la invitación del califa Abu Yusuf Yaqub al-Mansur quien la propone dirigir la educación de los príncipes almohades en Marrakesh, donde permaneció hasta el año de su muerte, en 1191.

Profesión:

Maestra (ustada, adība) y poetisa. Por su talento y su cultura, así como por su belleza, pronto ocupó un lugar importante en la corte de los almohades de Granada, desarrollando una actividad literaria y educativa intensa y adquiriendo una reputación que llegó a traspasar los límites de Granada.

Relación de obras:

Poesía:

Se han conservado 17 poemas breves de Ḥafṣa al-Rakūniyya, gracias fundamentalmente a los cuidados de la familia Ibn Sa‛īd, interesada en preservar la correspondencia poética entre Ḥafṣa y Abū Ŷa‛far. Quizá eso explique el posterior silencio de Ḥafṣa.

Una selección de poemas:

 

Dile a ese poeta…

 

Nos hemos librado de ese poeta

porque se ha caído sobre la mierda, pero dile:

Vuelve a tu pozo, hijo de la mierda,

igual que hace la mierda.

Y si vuelves a vernos algún día,

verás, oh tú, el más despreciable y vil,

sin discusión, de entre los hombres

que esa es la suerte que te espera

si andas medio dormido.

¡Barba que ama la mierda y odia el ámbar,

que no permita Dios que nadie vaya a verte

hasta que te hayan enterrado!

 

Respóndeme enseguida…

 

¿Vienes tú a mí o voy yo a tu lado?

mi corazón se inclina hacia lo que tú deseas;

mis labios son aguada dulce y transparente

y mis bucles ramas que dan sombra;

espero que estés sediento y ardiente

cuando llegue junto a mí la hora de la siesta.

Respóndeme enseguida…

 

Elogio aquellos labios porque sé

lo que digo y conozco de lo que hablo,

y les hago justicia, no miento ante Dios;

en ellos he bebido una saliva

más deliciosa que el vino.

 

Un visitante llega a tu casa:

su cuello es de gacela,

luna creciente sobre la noche;

su mirada tiene el embrujo de Babilonia

y la saliva de su boca es mejor

que la de las hijas de la parra;

sus mejillas afrentan a las rosas

y sus dientes confunden a las perlas,

¿puede pasar, con tu permiso,

o ha de irse, por alguna circunstancia?

 

A Abu Yafar

 

Tú, que presumes de arder

en más encendido afecto,

sabe que me desagradan

tu billete y tus lamentos.

Jamás fue tan quejumbroso

el amor que es verdadero,

porque confía y desecha

los apocados recelos.

Contigo está la victoria:

no imagines vencimientos.

Siempre las nubes esconden

fecunda lluvia en el seno.

Y siempre ofrece la Palma

fresca sombra y blando lecho.

No te quejes; que harto sabes

la causa de mi silencio.

 

Dama de la hermosura y la nobleza, cierra los párpados,

benévola, ante las líneas que trazó mi cálamo, y míralas

con ojos de cariño, sin prestar atención a los defectos

del contenido y de la letra.

 

Envío un saludo, que los cálices de las flores abre

y hace zurear a las palomas en las ramas,

a quien ausente está, pero mora en mis entrañas

aunque mis ojos no puedan verlo.

 

Siento celos de mis ojos y de mí misma,

de ti, de tu tiempo;

aunque te encerrase en mis ojos hasta el día del juicio,

no estaría satisfecha.

 

Una mujer de mi rango no puede llorar

un amor de felonía.

Mis plañideras a sueldo

te llorarán por mí en el ocaso.

No me delatará mi garganta ya muerta,

ni podrá pronunciar nunca más tu nombre.

Las cantoras desmayarán las casidas

que bajo falso nombre te he escrito.

Enmohecidos rabeles se pudrirán de abandono

tras las celosía de los patios.

El ruiseñor de nuestras encuentros

será atravesado por sagita de mi ballesta.

Sólo la almohada de azahares

conocerá el amortiguado llanto

y la expiación de mi orgullo.

 

Quien te cantó entre los granados

es hoy mujer de zarza y ortiga,

por sus pezones rezuma

leche cuajada de adormidera.

¡Ay, qué muerte tan cuitada me diste!

¿Qué será de mí en las auroras

sin la brasa de tu piel

en el sepulcro frío mi lecho?

 

Por vestirme de luto me amenazan

por un amado que me han muerto con la espada.

¡Qué Dios tenga clemencia con quien sea

liberal con sus lágrimas,

o con quien llore por aquél que mataron sus rivales,

y que las nubes de la tarde,

con generosidad como la suya,

rieguen las tierras donde quiera que se vaya!

 

Estudios y biografías:

  • (1986) Diwán de las poetisas de al-Ándalus. Garulo, T. Madrid. Editorial Hiperión.
  • (1992) Literatura hispanoárabe. Rubiera Mata, M.ª Jesús. Ed. Mapfre (en especial el capítulo V. La poesía árabe clásica en al-Andalus III: el dorado crepúsculo (Siglos XII-XIII) La voz femenina.

Otros méritos y
distinciones:

  • Pertenecía a una familia granadina que las fuentes árabes califican de noble, rica y poderosa, tal vez de origen bereber, pues, como señala L. di Giacomo, Rakūna —de donde procede el gentilicio al-Rakūniyya— es el nombre de una fracción bereber establecida al oeste de Marrakech. 

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